La marcha meditativa ayuda a movilizar los miembros que durante la meditación sentada se podrían haber anquilosado, regenera la energía, moviliza la sangre e impide problemas circulatorios. Pero el andar meditativo es mucho más que un complemento de la meditación sentada, constituye otra técnica de meditación en sí misma.La verticalidad –interpretada como símbolo del contacto entre cielo y tierra–, el ritmo del andar, el silencio y la lentitud llevan al practicante a un estado de profunda tranquilidad mental que favorece experiencias de índole espiritual.Con un poco de entrenamiento, cualquier persona puede llegar a mejorar en su autoobservación con este ejercicio y a progresar en su camino personal de forma simple y autónoma. Permite explorarse interiormente y aprender a adoptar formas de estar más libres y serenas.La marcha meditativa puede ser un estupendo ejercicio para aprender a conocerse y a desenvolverse mejor en el mundo.Se trata de un ejercicio de transformación, ya que practicado de forma consciente y regular ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos. Pero el andar puede aún ser algo más profundo. Puede convertirse en ejercicio de crecimiento personal y hasta de experiencia espiritual.¿Quién no ha salido alguna vez a pasear para «aclarar las ideas»? Tal vez usted mismo siente de vez en cuando la necesidad de andar sin rumbo fijo, a solas en la ciudad, en la playa en invierno o en la montaña, para sentirse en paz consigo mismo.Además de la sensación de plenitud y bienestar que se experimenta al andar de forma meditativa, estas prácticas favorecen la salud en todos los niveles:La revista NeuroReport divulgó un estudio del MIT según el cual personas que meditaban al menos seis horas a la semana tenían mayor volumen en áreas de la corteza cerebral asociadas con la atención, la toma de decisiones y la memoria.Los científicos han comprobado que la meditación provoca cambios fisiológicos y neuronales permanentes. Creen poder afirmar que permite desarrollar temperamentos más felices, menos ansiosos o depresivos. Del mismo modo, unificar cerebro, mente y cuerpo hace más fácil adaptarse a situaciones de estrés e incertidumbre.Meditar a diario puede reducir el riesgo de ataques cardiacos al mejorar la capacidad de relajación.El sistema inmunitario parece reforzarse también.La meditación ayuda a pacientes con enfermedades crónicas a reducir sus síntomas y mejorar su calidad de vida, según un estudio del Centro de Medicina Integrativa del Hospital Universitario T. Jefferson en Filadelfia.La meditación andando además mantiene un buen tono muscular y oxigena músculos y cerebro.Estabilidad en el movimiento y relajación de la musculatura. El centro de gravedad el ser humano está entre los dos pies, en la parte anterior de estos, por esa razón el cuerpo tiende a irse hacia delante. Para que no se caiga, los músculos antigravitatorios –los gemelos y los espinales– se contraen isométricamente. Verticalmente, para un mayor equilibrio el centro de gravedad debe estar en el vientre. Si hay crispaciones, el centro de gravedad se ve desplazado y el equilibrio también.CÓMO PRACTICAR MEDITACIÓN CAMINANDOAlgunos de sus principios se pueden aplicar durante el andar cotidiano. Por ejemplo, puede andarse en actitud interiormente meditativa mientras se va a buscar el pan o el periódico, en el trabajo o en cualquier otro desplazamiento cotidiano.Vamos a explicar en qué consiste el ejercicio que permite hacer del andar un acto meditativo. Para ello realizaremos tres series de ejercicios e iremos dando las pautas necesarias.PRIMER EJERCICIO: ESTABLECER UNA BASEAntes de seguir leyendo te propongo que dejes la pantalla, te levantes y andes.Pero anda muy, muy despacio.Si estás en un espacio pequeño, da media vuelta cuando llegues a la pared y repite el paseo varias veces.Obsérvate, siente. No te preocupes de cómo lo estás haciendo. Simplemente anda y observa. La experiencia puede llegar a resultar un tanto turbadora si te sientes en desequilibrio. No te preocupes. Es habitual. Nos encontramos de nuevo dentro de cinco minutos…SEGUNDO EJERCICIO: COMPRENDER LOS PRINCIPIOS DE LA MEDITACIÓNLa técnica de la meditación caminando se basa en algunos principios clave:Permanecer en silencio. Este es un punto esencial: se debe mantener la concentración máxima en lo que se está realizando, en lo que se va sintiendo. El silencio permite entrar en una dimensión de uno mismo distinta de la habitual. Es preciso callar y también se tiene que llegar a calmar la mente, de modo que la cadencia de los pensamientos sea cada vez más lenta.Conectar con fluidez. Estar en silencio no quiere decir que se produzca un aislamiento del mundo externo, al contrario: debe permitir estar atentos a lo que se oye, al canto de un pájaro, al ruido de una moto, a la voz del vecino… Se debe dejar que pasen los ruidos, los sonidos que vienen del exterior o de la propia mente, sin ofrecerles resistencia ni quedarse «enganchado» a ellos.Presencia en el instante presente. Con una actitud ligera, abierta y distendida, la atención debe estar puesta en cada sensación física. Si hay un olor a tarta de manzana, sentiremos ese olor, si hace frío, sentiremos el frío. Debemos permanecer presentes en nosotros mismos y en nuestro contexto. Se puede concentrar la atención en el aquí y en el ahora, en el ritmo, en la respiración, en las sensaciones… Esto calma la mente y las emociones.La postura debe ser erguida, la posición de la espalda distendida y desplegada hacia lo alto. Hay que sentir que la cabeza se dirige firmemente hacia el cielo. Pero para ello no se debe realizar un esfuerzo de estiramiento, más bien se debe soltar la zona lumbar y la cervical, donde se suelen acumular gran parte de las crispaciones. Los hombros deben estar lo más sueltos posible, sin rigidez.Descalzarse. Es muy recomendable practicar el ejercicio descalzo. En cada paso se debe sentir que el pie se enraíza en el suelo, que el peso se desplaza de un lado a otro. Esto da sensación de firmeza, de estabilidad.Sentir el peso. Cuanto más pesado es un cuerpo más estable es. Cuando una persona está crispada, su peso es el mismo que sin crispación, pero no así la sensación de peso. Cuando no se siente el peso, la persona tiene la impresión de flotar y de estar inestable, puede incluso tropezar. Para sentir el peso hay que soltarse interiormente. Es una actitud de tocar la tierra, de apoyarse de verdad, plenamente en el suelo.Lentitud. Este ejercicio se realiza extremando la lentitud. Se anda en todo momento muy despacio.Con los ojos abiertos. Esto, que tal vez parezca obvio, no lo es tanto, ya que muchas personas tienen la tendencia de cerrar los ojos en este tipo de ejercicios para sentir mejor. La mirada debe dirigirse lo más lejos posible, como si pudiera atravesar lo que se tiene delante e ir aún más allá.Desde el centro. El impulso de andar surge del hara, palabra japonesa que indica la zona del vientre y la pelvis. Es el centro de la estabilidad de la persona. Aprender a situarse interiormente en esta zona proporciona una gran sensación de anclaje físico y emocional. Al andar, se debería sentir siempre que se anda desde el hara, como si los movimientos surgieran de allí.Andar sin querer llegar a ninguna parte. Lo fundamental de este ejercicio es andar por andar. No se pretende llegar a ningún lugar exterior, sino a una forma de estar interior. Por eso es bueno empezar realizando este ejercicio en una habitación, en el pasillo o cualquier lugar cerrado que permita concentrarse en el andar mismo, sin finalidad.Presente en cada paso. Andar es dar un paso. El siguiente no tiene interés en este momento. Cada gesto es importante, cada momento único.Observando la respiración. Sin querer controlarla ni adaptarla al ritmo de los pasos, solo observando. A menudo, cuando se va entrando en el estado meditativo, la respiración se armoniza con los pasos, pero el objetivo no es «construir» esta armonía, sino simplemente permitirse respirar.Ahora haz de nuevo el primer ejercicio, incorporando lo que acabas de leer. Realiza el ejercicio durante cinco minutos como mínimo.Anda y obsérvate. Siente las diferencias con tu forma de andar de antes y de ahora.
BENEFICIOS DE LA MARCHA MEDITATIVA.
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